A manera de prologo permitanme comentarles el post que leeran a continuacion.
Una fria noche de Enero (lo de fria es embuste... por dios vivimos en el tropico, solo queria usarlo como recurso literario. Ingenuos) especificamente el Lunes 15 de este año en curso, y en lo que para entonces significo el "Primer Lunes de divorciados" y por ende el primer dia del Juju se nos ocurrio hablar de las experiencias gastronomicas y el hermosisimo acto de aparearse como animales en celo. Si, el sexo y la cocina... todo junto y amalgamado, como si de alguna manera se hubiesen hecho amigos inseparables el hambre y las ganas de comer, hecho que de alguna manera caracterizo la union del trio, porque siempre que uno tiene hambre el otro tiene ganas de comer, y el tercero esta pidiendo una copita de Cointreau para diluir la llenura... Pero en fin mis niños y niñas aqui les dejamos el primer editorial de La Enciclopedia del Juju...
EL SEXO Y LA COCINA
Una de las fantasías sexuales de muchas mujeres es hacer el amor en la cocina. Llegar a casa…que su marido esté preparando la cena -bueno, esto de por sí ya sería una fantasía- acercarse a él por detrás, arrancarle el delantal y hacerlo en el mesón –que en algunos casos, o mejor dicho, la mayoría de estos, el fulano mesón termina siendo un juego de comedor de Pantrys de 4 sillas-
Pero, ¿Te imaginas esto en la vida real?...con las piernas colgando, clavándote un tenedor en la nuca y desollándote una nalga con el rallo del queso!
Estas cosas nos pasan por intentar copiar lo que vemos en las películas. Por ejemplo, la típica fantasía de “9 semanas y media”, con las fresas, el melocotón en almíbar y pare Ud. de contar…¿ Qué tienen de sexy hacer esa melcocha encima de tu pareja? Porque el almíbar tienen una característica, muy poco erótica: a los 3 minutos se seca y se queda como la pega loca. Claro!!! en la película cortan, pero a ti…a ti te toca irte a bañar, con la cabeza pegada a la de tu pareja, completamente desnudo y caminando hacia atrás pareciendo gemelos siameses.
Además, ¿ en que nevera de un venezolano común y silvestre hay melocotones en almíbar, fresas con crema u otra de esas delicatesses?. Señores, la realidad es otra y el venezolano, al mejor estilo boy scout, siempre resuelve con lo que tiene a la mano…y es aquí donde vienen los problemas: abres la nevera y echas una minuciosa mirada y lo primero que ves es una salsa de fecha desconocida que recuerdas haber hecho con carne molida y que ahora huele a pulpo a la gallega. Por supuesto, la descartas. Te concentras en buscar productos más frescos y consigues una bolsita de queso rallado –obviamente no es parmesano porque si tienes pa`pagar los cien mil bolos que cuesta el kilo, deberías tener al menos para costear un pote pequeño de los infames melocotones-
En fin tomas el queso pues, como buen gourmet que eres sabes que al paladar hay que darle texturas y sabores contrastantes. Sigues buscando y lo único que consigues completamente distinto al queso, es un ramillete bastante grotesco de Cilantro. Lo tomas y te devaneas entre usarlo sobre tu oreja derecha cual Cayena o improvisar una “corona” y salir ataviado (a) como todo un emperador romano ayudándote con el mantel de la mesa Pantry. Mas no creo que sea muy sexy salir a reclamar que “le den al César lo que es del César” con una especie de helecho de olor muy penetrante en la cabeza y vestido (a), en el mejor y más afortunado de los casos, de cuadros blancos y rojos…no, no, no, definitivamente no es sexy. Ni hablar entonces del cuartico de suero que está allí desde hace 4 días, el medio kilo de mortadela, las caraotas que tu mamá te mandó y la masa para las arepas del desayuno.
Y es que tratar de emular las “fantasías” que nos ofrece la industria no es tarea fácil y se convierte en una dosis extra de stress que termina de tumbarte la libido. Aderezar el momento del sexo es absolutamente válido pero no necesariamente lo que ves en las películas funciona en la vida real. No descartamos el escenario: la cocina puede ser un lugar interesante para un encuentro fogoso mientras estás lavando los platos, en shorts y con un par de sensualísimos guantes de goma amarillos, armada con una esponja de alambre y terminar ambos llenos de espuma, que si corta la grasa, desde las cejas hasta el ultimo rincón de la anatomía compartida.
Pero la comida, déjala para después, ¿te imaginas que abras la nevera y él vea la mortadela y lo primero que se le ocurra es: gooorda, hazme un sanguchito que me diò como hambre?.